Nuestros políticos y el impuesto sobre el patrimonio

¿Qué les pasa a nuestros políticos con el Impuesto sobre el Patrimonio? Describamos primero el Impuesto. Después describiremos a nuestros políticos. El Impuesto sobre el Patrimonio, que en España recauda sólo un 0,4% del total de ingresos de las Administraciones, es una rareza en el mundo desarrollado. Sólo existe en cinco de los veinticinco países de la Unión Europea, y España tiene con gran diferencia los tipos más elevados, con un 2,5% de tipo máximo, castigando el ahorro y provocando la congelación de los patrimonios. Anacrónico y obsoleto, no ha sido actualizado desde 1977, cuando nació como impuesto censal y no recaudatorio, estando los tipos de interés en el 18%; si tan sólo se adecuara a los tipos de interés actuales, el tipo máximo pasaría del 2,5% al 0,4%. ¡Al 0,4%! Internacionalmente, varios países europeos lo han abolido, como Alemania, con el apoyo de los socialistas, que allí, al parecer, no son del s.XIX. El Senado francés ha concluido recientemente que el Impuesto del Patrimonio, con un tipo máximo allí del 1,8%, es insostenible y dañino para el sistema.

Describamos ahora a nuestros políticos. Primero, los del PSOE. El programa electoral del PSOE para las últimas elecciones decía textualmente que el Impuesto sobre el Patrimonio se simplificaría “con el establecimiento de un tipo único, que guardará consonancia con una rentabilidad real razonable del patrimonio y con el tipo máximo del IRPF”. ¿Estaban mintiendo, una vez más, al millón de votantes que sufren este injusto impuesto? Y nuestro Presidente del Gobierno diciendo hace poco: “Vamos a cumplir”. ¿En serio? Porque no sólo no han rebajado el impuesto y establecido un tipo único, sino que la reformita que acaba de proponer su Gobierno incluye que las plusvalías, que pagaban antes el 15%, paguen ahora hasta un 60% de impuestos en virtud del límite conjunto. ¡Y dicen que esta reformita baja los impuestos! Vaya tomadura de pelo para este millón de votantes. Y hace unos meses, cuando PP, CIU y PNV propusieron rebajar el tipo máximo al 1,5% (¡qué esfuerzo, señorías!), el PSOE se opuso. Muy coherente con su propio programa. Vamos ahora con los del PP. Desde AMEF tuvimos que protestar enérgicamente en el 2002, porque seis años después, y con mayoría absoluta, el PP se planteaba no tocar este impuesto, incumpliendo su programa electoral de 1996 (vean en nuestra web artículos publicados en este mismo diario en julio 2002). Modificaron finalmente el límite conjunto. Pedimos entonces reiteradamente que rebajaran los tipos para adecuarlos a la realidad actual. Nada hicieron. Traspasaron las competencias a las CCAA y se escudaron en eso. Con razón la diputada socialista Sra. Castillejo contestaba en su réplica al portavoz del PP cuando, como acabamos de comentar, el PP pedía recientemente reducir el tipo máximo al 1,5%: ¿Por qué no lo hicieron cuando tenían mayoría absoluta?. 

La Administración del Estado tiene competencias para modificar y abolir este Impuesto. Puede hacerlo y el coste sería un 85% menor que lo que costará el Estatuto de Cataluña, por poner un ejemplo. Pero se escudan en que es cosa de las CCAA. Entonces, ¿por qué las CCAA gobernadas por el PSOE no cumplen el programa electoral de su partido rebajando considerablemente el impuesto y estableciendo un tipo único? Entonces, ¿por qué las CCAA gobernadas por el PP no rebajan inmediatamente el tipo máximo al 1,5% para empezar a hablar? En Madrid, ¿es coherente y serio que Esperanza Aguirre no rebaje Patrimonio del 2,5% de tipo máximo cuando su propio partido, el PP, propone un 1,5%? ¿Es coherente y serio que Rafael Simancas no proponga un tipo único rebajado acorde con el entorno actual de tipos de interés cuando su propio partido, el PSOE, lo promete en las últimas elecciones generales? Juzguen ustedes. Desde luego, la independencia de AMEF nos permite exigir seriedad y coherencia a nuestros políticos. Ya está bien.

 

Antonio Barderas Nieto

Director

Asociación Madrileña de la Empresa Familiar – AMEF

Patrimonio y Esperanza

En Madrid el Impuesto sobre el Patrimonio se acaba. En su discurso de investidura, Esperanza Aguirre ha dicho que va a estudiar detenidamente la utilidad real del impuesto, al que tildó de anacrónico y de obstáculo para el ahorro, la creación de empleo y la inversión. Han tenido que ocurrir muchas cosas y transcurrir muchos años para oír esto, con tal claridad, de labios de un político en activo y con responsabilidades de gobierno, y encima del PP. Hemos tenido que quedarnos solos en el mundo, con la triste compañía de Francia, en el mantenimiento de este impuesto; el PSOE ha tenido que prometer (y por ahora incumplir) en el programa electoral con que concurrió a las últimas elecciones generales, una reducción radical de este impuesto con el establecimiento de un tipo único acorde a la rentabilidad real de los patrimonios; el Senado francés ha tenido que reconocer que este impuesto es insostenible en nuestros días y que produce daños a la riqueza nacional; en España, los expertos hacendistas, los notarios y diversas asociaciones han tenido que clamar por su abolición. Y por fin, ha tenido que llegar un político diferente. La Presidenta de la Comunidad de Madrid se ha manifestado con la misma rotundidad con la que ha ganado las últimas elecciones autonómicas. Por ello, debemos felicitarle y felicitarnos. Sin embargo, no entendemos lo del “detenido estudio”. Porque detenidos, es decir, completamente parados, es como llevamos en España treinta años con este injusto y obsoleto impuesto, con la falsa, vieja  y usada lista de miedos del “hay que esperar”, del “ahora no es el momento”; detenidos es como han estado los tipos de gravamen con un máximo del 2,5% mientras la rentabilidad de los bonos del Tesoro bajaba del 18% a menos del 4%; detenida es como ha estado la escala de gravamen mientras la inflación multiplicaba por cuatro la tributación real efectiva. Detenida, es decir, completamente parada, es como ha estado España mientras Austria, Luxemburgo, Alemania, Holanda, Dinamarca y Suecia (¡Suecia!) le adelantaban por la izquierda aboliendo del tirón este impuesto tan anacrónico y dejándonos como uno de los dos últimos anticuados países del mundo que lo mantienen. En nuestra opinión, no necesitamos estudios, sino acción. ¿Qué más estudios necesitamos? ¡Si ya sabemos todo del Impuesto del Patrimonio! ¡Si nos hemos quedado solos en el mundo con él! Sabemos que éste fue un impuesto cuya principal razón para su introducción era que estaba “de moda” en los años 70; sabemos que la arbitraria elección del tipo máximo del 2,5% fue exactamente un capricho político cuando los expertos hacendistas de entonces (con los tipos de interés al 18%) recomendaban no exceder el 0,5%; sabemos que una mera actualización de este impuesto llevaría a un tipo máximo del 0,32%. Sabemos que recauda poco y complica mucho, y que es un tremendo obstáculo para el ahorro y la acumulación de la riqueza nacional, motivo por el que todos los países del mundo lo han ido aboliendo en los últimos diez años. Sabemos que este impuesto congela patrimonios desincentivando la afloración de plusvalías (y por tanto reduciendo el potencial de ingresos en las arcas autonómicas vía IRPF), manteniendo los patrimonios a valores históricos y gravando de forma diferente patrimonios de cuantías idénticas pero composiciones distintas, vulnerando el principio de equidad e igualdad. Sabemos, por fin, que resulta confiscatorio para patrimonios medios con rentas bajas. Toda Europa y todo el mundo desarrollado se ha dado cuenta de lo perjudicial y anacrónico que es este impuesto y nosotros seguimos anclados en el pasado, perdiendo otro tren de competitividad. Afiance Madrid como faro impositivo de España; atraerá capital, patrimonio y sedes sociales; creará riqueza y empleo y aumentará la recaudación vía IRPF. Y Madrid será más la España moderna, la Europa moderna. Sra. Presidenta: está usted convencida de verdad, y los que la conocen dicen que actúa siempre según sus convicciones. Es momento de pasar de las palabras a los hechos. La oportunidad de actuar es ahora: en los primeros presupuestos de su legislatura.  

Antonio Barderas Nieto

Director

Asociación Madrileña de la Empresa Familiar – AMEF